Nuevamente me encuentro contigo. Mi
imaginación vuela sobre el lugar que ocuparías en mi vida.
Eres como una mezcla de todo lo que me
había sucedido y lo que me faltaba por vivir todavía. En ti veo reunidas muchas
de las situaciones por las que he pasado, los errores que he cometido para
llegar hasta acá y los aprendizajes que me ha dejado la vida.
Como dicen por ahí, la tercera es la
vencida y contigo comprendí que todo anda bien hasta que me tomo las cosas en
serio. De ahí en adelante siento que comienzo a perder, que ando por un camino
incierto, a ciegas, siendo muy sensible al entorno por lo que casi cualquier
situación que te involucre me afecta, me hace aflorar ese instinto defensor y
protector. Me enseñó a nunca despegar los pies de la tierra, a interpretar las
señales. Una lección que venía siendo muy necesaria.
¿Por qué pongo tanta atención en ti si
fuiste tan efímera? Debe ser por ese detalle que ocasionó tu irrupción en mi
vida. Ese que me hace sentir desprotegido y que en ocasiones me intimida, pero
también me genera fascinación queriendo no apartar mi vista jamás.
¿Ahora qué me queda? Otra demostración de
cómo son las cosas en verdad, una razón más para desengañarme de lo que yo creí
en un principio, que me hubiera traído beneficios pero también una falsa idea
de cómo actuar en estas situaciones
ocasionando esto mismo en el futuro y no ahora ni contigo.
No sé qué vaya a pasar. De pronto
abandones mi vida sólo dejándome enseñanzas. Tal vez te quedes a sabiendas de
lo que algún día quise que fueras para mí. Sólo espero que, sea lo que sea que
suceda, no me odies por haber sido así. No lo soportaría.
Aquí se supone que me despediría de ti,
que te diría alguna frase afectuosa o graciosa para rematar con broche de oro.
Pero solo diré ha sido interesante esta parte de mi vida y todo lo que has
aportado a ella incluso involuntariamente.